La niña rusa a la que Cristiano cambió la vida

Hace un año que ambos se cruzaron en un campo de fútbol, concretamente en un Portugal-Rusia de la Copa Confederaciones.

Álvaro Jiménez de Blas

La niña rusa a la que Cristiano cambió la vida
La niña rusa a la que Cristiano cambió la vida

Polina Haeredinova, una niña rusa que ahora tiene once años, se encontró con Cristiano Ronaldo en un partido entre Portugal y Rusia correspondiente a la Copa Confederaciones que se disputó el pasado año en el estadio del Spartak de Moscú.

Polina padece espina bífida y vivió el encuentro con Cristiano Ronaldo con mucha emoción. Antes de saltar al césped de la mano, la niña le regaló al internacional luso una pulsera con los colores de Portugal y el delantero el Real Madrid el devolvió el detalle dándole su camiseta.

El diario portugués Récord ha entrevistado, con motivo del primer aniversario de este encuentro, a Polina Haeredinova para que recordase el momento en el que coincidió con Cristiano Ronaldo. "Cambió mi vida", señaló.

"Cuando le conocí quise ser tan fuerte como él, me dio fuerzas para luchar, quise levantarme, empezar a caminar y hacer realidad ese sueño", explicó Polina acerca de su encuentro con la estrella de la selección lusa.

La niña rusa de once años aseguró que fue muy importante el encuentro con Ronaldo. "Hizo que mis sueños se hicieran realidad porque es un símbolo y tan fuerte… Ronaldo fue muy importante para alcanzar mis sueños".

"Ronaldo fue muy importante porque, después de conocerlo, me abrí una cuenta de Instagram, empecé a entrenar y a ser más fuerte. Conocer a una persona como Ronaldo me convirtió en una persona más fuerte", añadió.

Polina no puede caminar debido a su enfermedad pero, como explicó al diario Récord, eso no le impide jugar al fútbol. Su posición favorita es la de portera y su otro ídolo, además del futbolista del Real Madrid, es el guardameta ruso Igor Akinfeev.

El internacional portugués Cristiano Ronaldo, que se encuentra en Rusia jugando el Mundial con su selección, impulsó a Polina a luchar y, con la ayuda de un exoesqueleto que construyó la Fundación Ronald McDonald, pudo ponerse de pie y dar unos pasos.