Entrevista a Esnaola | Tenía más miedo que ganas de ser héroe

Hay acontecimientos que cambian la vida de los futbolistas. Acciones que trascienden un partido y marcan trayectorias, que se meten en el imaginario colectivo. Hablar de José Ramón Esnaola Laburu (Andoáin, Guipúzcoa, 30 de junio de 1946) es hablar del portero del Betis que paró tres penaltis y marcó uno a Iribar en la mítica tanda que dilucidó la Copa del Rey de 1977, el primer título en la historia moderna del Real Betis Balompié. Él es “el portero que ganó la Copa".

Dani Quintero

Tenía más miedo que ganas de ser héroe
Tenía más miedo que ganas de ser héroe

Esnaola un señor educado, serio, que ya lo era cuando jugaba al fútbol y que ha dedicado su vida a este deporte. Es un vasco muy ‘sevillano’, bético del ‘manquepierda’, pero que pasa olímpicamente de la Feria, Semana Santa o del Rocío. Los tópicos tampoco van con él. “Ni siquiera se me ha pegado el acento andaluz después de 40 años, pero de aquí no me voy”. El momento que marcó su vida, su biografía como deportista, fue la noche que acabamos de recordar en las páginas anteriores, la de la final Athletic de Bilbao-Real Betis (2-2, estadio Vicente Calderón), la de los ¡20 penaltis! El decimonoveno lo tiró él, y se lo marcó a su ídolo, a Iribar, otro mito. El vigésimo lo lanzó el propio Iribar, y Esnaola lo paró. Así comenzó la leyenda. Al año siguiente descendió con el Betis a Segunda, las cosas del 'Currobetis', capaz de lo mejor y de lo peor.

¿De verdad que no guarda nada de aquel partido?

Tengo la copa que me dieron, una réplica pequeñita del trofeo. La camiseta se la regalé a un amigo bético, los guantes ni me acuerdo, y las botas se las di a José Ángel de la Casa, periodista de TVE. Sí guardo conmigo la medalla de la Virgen del Rocío que pusieron en la portería. Desde entonces en el vestuario del Betis siempre hay colgada alguna medalla de esta Virgen.

¿Qué medalla?

El hermano de Vicente Montiel –masajista- la puso en la red de la portería donde se iban a lanzar los penaltis. Él estaba en la grada, fingió que se puso enfermo y los camilleros lo trasladaron desde la grada al campo para evacuarlo, y él aprovechó un descuido para colocar la medalla en la red. Fue muy sonado.

A usted siempre le respetaron, incluso en el campo del Sevilla.

El día que homenajearon a Pablo Blanco en su campo yo salí para regalarle un detalle y, honestamente, creo que me dieron un aplauso igual o más grande que el que le habían dado a él, me emocionó aquello.

Hoy en día muchos futbolistas son casi estrellas del rock…

En mi época éramos más normales, sin faltar a los chavales de ahora. Lo único raro que hice en mi vida fue dejarme bigote. Lo tuve cuatro semanas y no ganamos ni un partido. A la quinta me lo afeité. Antes, los futbolistas éramos más una piña, nos tomábamos siempre una copa después de jugar. Ahora duermen solos en los hoteles, no comparten tanto tiempo.

Fue el traspaso más caro hasta ese momento en la historia del Betis -12 millones de pesetas-. ¿Se benefició su generación de la profesionalización del fútbol?

Las generaciones siempre se quejan de las que vienen por detrás. En mi época los veteranos decían que teníamos mucha suerte por el dineral que ganábamos. Hoy los futbolistas de los grandes de Primera son millonarios. Cuando a mí me fichó el Betis pagando aquella cantidad, de la que por supuesto yo no vi ni un duro, no como ahora, los aficionados me lo recordaban cada partido.

Además del penalti, ¿el momento más importante de su vida fue cuando la Real Sociedad le fichó mientras trabajaba en una fábrica de armas?

Yo era ‘ajustador’ en una fábrica de tanques, cañones antiaéreos, espoletas… Empecé de aprendiz con 15 y estuve hasta los 18, jugando y trabajando. Incluso cuando me fichó la Real me pedí una excedencia, me daba miedo que fuera un ‘tronquete’ y me echaran rápido, no quería perder el trabajo.

¿Hay un antes y un después tras el famoso penalti y la final?

Mi estatus como portero no cambió porque yo tenía muy buen cartel en la Real Sociedad y siguió cuando fiché por el Betis. Sí que me dio mucha popularidad, me conocía todo el mundo. La alegría para los béticos fue enorme, llevábamos muchos años sin ganar nada y fue una explosión como nunca antes la había vivido. Hicimos muy feliz a mucha gente.

¿Qué fue más placentero en esa final, parar tres penaltis o marcar el penúltimo?

¡Detuve cuatro! Pero el de Rojo me lo hicieron repetir. Cuando yo lanzo el penalti estoy más preocupado por no fallar y ser el culpable de perder la final que de ser el héroe. En la balanza me pesaba más el miedo a fallar que la posible felicidad por ganar. Sentí más alivio que felicidad. Luego paré el penalti a Iribar y fue increíble.

¿Tenías informes de cómo tiraban los penaltis los jugadores del Athletic o en esa época no se hacía esa labor?

Yo sí la hacía, me veía los resúmenes de los partidos los domingos y me apuntaba en una libreta hacia dónde tiraban los penaltis, las faltas… Fui y soy un consumidor de fútbol voraz.

A raíz de aquel penalti, ¿el mundo del fútbol profesional le trató distinto?

Creo que sirvió para que mucha gente se fijara en cómo jugaba yo con los pies, porque intentaba sacar el balón jugado con los pies siempre… Recuerdo que en un Trofeo Colombino pasaba por detrás de la portería el Real Madrid, que llegaba para jugar, y justo en ese momento me llegaba un balón por la derecha y le pegué con la pierna izquierda. Amancio me dijo “coño José Ramón, ¡que también le pegas bien con la zurda!”. Sí que es cierto que desde aquella final me convertí en un referente en el juego con los pies.

¿Entrenaba los lanzamientos? ¿Cómo hay que tirar un penalti?

Que va, tiré algunos penaltis en trofeos de verano y poco más. Los penaltis hay que tirarlos al medio, por arriba, y fuertes. Los porteros nos vencemos casi siempre. Yo creo que sólo paré uno así a Ladinsky, que era un guasón, le había visto tirar alguno a lo ‘Panenka’, y en Granada me lo intentó hacer y se la paré con el pecho.

Usted mismo ha hablado en alguna ocasión de la presión mediática, de que los periodistas obligaron a Kubala a llevarle a la selección, que no quería porteros bajitos. ¿Fue así?

En aquella época la prensa pedía que yo fuera a la selección. Me consideraban el mejor portero de aquellos años junto a Iribar, así que no se entendía que no me llevaran. Creo que Kubala se vio obligado por la presión. Ganamos 2-1 a Italia y fui suplente de Iribar, no llegué a debutar.

CR7, Messi… ¿quién le da más miedo como portero? ¿Algún futbolista de su época era mejor que ellos?

Bueno, yo vi jugar poco a Di Stefano, que muchos dicen que ha sido el mejor. He jugado contra Amancio, Cruyff y Maradona, y el argentino era distinto a todos. Hoy en día creo que Messi es quizás incluso mejor que Cristiano. A Messi no hay forma de tirarle al suelo. Los dos están entre los cuatro mejores de la historia.

¿A qué portero ficharía en la actualidad para el Betis?

Casillas me parece un portero impresionante. No entiendo cómo le pitaban en el Bernabéu. A mí también me han pitado, pero jamás me ha pasado lo que a él, es incomprensible.