El partido que invento el futbol

Todo aficionado conoce de sobra el origen británico del fútbol, pero…¿cuándo empezó a jugarse de forma seria? Esta es la historia del partido que permitió dar el salto definitivo a un deporte que hoy en día forma parte indispensable del ocio de medio planeta.

Enrique Marqués

El partido que invento el futbol
El partido que invento el futbol

En 1870, el ‘Imperio británico’ estaba en pleno apogeo. La revolución industrial había situado a Inglaterra en posición dominante y el país daba rienda suelta a sus deseos expansionistas y a las aventuras más atrevidas. Por aquel entonces, mientras la atención de la sociedad se centraba en la expedición formada para encontrar y rescatar al héroe de la época, el Dr. Livingstone, el fútbol cuajaba de forma definitiva como alternativa de ocio. Lo que en origen había sido una extravagancia de estudiantes, que aprovechaban el final de la temporada de criquet para distraerse, se había extendido a todos los estratos sociales, especialmente a las clases trabajadoras.

Ahora bien, conseguir que ese divertimento circunstancial -que no tenía reglas ni espacio definido- se convirtiera en algo serio, valorado e independiente no fue tarea fácil. La FA (Football Association) fue la pieza clave en todo el proceso. Se había establecido como tal unos años antes. Concretamente en 1863, en una mítica reunión en ‘The Freemason's Tavern’. Suena muy glamuroso, pero no fue mucho más que una reunión de unos cuantos amigos al calor de unas cervezas. Trece clubes, todos ellos formados por estudiantes y ex-estudiantes de diversas escuelas privadas, se juntaron para unificar las normas y dotar de una estructura, aunque fuera mínima, a sus encuentros ocasionales. Se trataba de los deportistas en sí. Es decir, los mismos que descubrieron las bondades del fútbol, sintieron la necesidad de organizar el caótico escenario.

EL DESPEGUE DEL FÚTBOL

El asunto no evolucionó tan rápido como algunos esperaban. Siete años después no había aún ni cuarenta equipos asociados. Ni siquiera se alcanzaba una media de seis equipos por año. Hubo que pulir las normas –dejar de permitir algunas acciones que lo asemejaban al rugby, como el hacking- y solventar múltiples problemas hasta llegar a 1872, año definitivo para el despegue del nuevo deporte. En ese proceso, el que fue desde la constitución de la FA a la creación del primer torneo del mundo y a la disputa del primer partido internacional, destacó un hombre: Charles William Alcock. Sin su tesón y su empuje es muy posible que el fútbol no fuera lo mismo que hoy conocemos.

A principios de 1870, tras múltiples conversaciones, la cosa cogió cuerpo en una serie de cinco encuentros, presuntamente internacionales, en el mítico campo de criquet londinense The Oval. Charlie Alcock, junto a James Kirkpatrick, compañeros del Wanderers FC, lo organizaron todo. Comoquiera que Alcock jugaba al criquet en el equipo de Surrey y lo hacía habitualmente en The Oval, consiguió solventar una de las principales dificultades del momento: el campo. No existían campos de fútbol como tales y, aunque lo más normal hubiera sido utilizar los terrenos de rugby, los orígenes del deporte rey estuvieron ligados a escenarios de criquet.

Sabedores de que la disputa del juego entre países dotaría al fútbol de la solidez buscada, Kirkpatrick, que era escocés, se dedicó a buscar por Londres a compatriotas suyos para montar encuentros contra los ingleses, de los que se encargaría la FA de la mano de Alcock. El intento no encontró el eco esperado. La repercusión fue muy escasa a pesar de que se empeñaron en anunciarlo como ’Evento internacional’. La propia FIFA nunca dio validez a los choques. En el mejor de los cinco partidos apenas se congregaron 800 espectadores. Es decir, ni traspasó fronteras ni despertó el fervor nacionalista entre ingleses y escoceses que le habría quitado el foco a Henry Morton Stanley y a su búsqueda del Dr. Livingstone por tierras africanas que tenía tanto al Reino Unido como a Estados Unidos en vilo como si de un culebrón se tratara. Stanley encontró a Livingstone en 1871, pero Alcock tuvo que esperar hasta el día de San Andrés de 1872 para ver su sueño internacional cumplido.

MIENTRAS, EL PRIMER TORNEO

El primer paso, una vez creada la asociación, era organizar una competición. Sin un torneo reconocible y respetado era imposible que el fútbol creciera. En el verano de 1871, la FA, a instancias de Alcock, su secretario general, tomo la decisión de crear un torneo abierto -la Challenge Cup- , al que estaban invitados todos los equipos afiliados. Surgió, como casi todo en aquellos locos orígenes, en una reunión informal. Concretamente en la redacción del periódico ’The Sportsman’. Allí se sentaron las bases de la competición, que básicamente funcionaría como un campeonato por eliminación a partido único en el que los emparejamientos se realizarían por sorteo puro. Si un partido acababa en empate se disputaría otro hasta encontrar el ganador.

Esa primera FA Cup la disputaron quince equipos de los casi cincuenta afiliados, pero cuatro se retiraron en plena competición y se dio la paradoja de que el campeón terminó colándose en la final sin disputar ni la primera ronda ni la semifinal. La Challenge Cup la ganó el Wanderers FC del propio Charlie Alcock, que además de secretario general y miembro fundador de la FA, era el capitán del Wanderers. El equipo desaparecería seis años después, siendo refundado en 2009, pero en sus únicas siete temporadas de vida conquistó el trofeo en cinco ocasiones. La semilla estaba puesta, sólo faltaba darle refrendo internacional y el fútbol tendría vía libre para crecer por todo el planeta como "one universal game".   

UN PARTIDO PECULIAR

La cercanía y la rivalidad entre Escocia e Inglaterra eran dos circunstancias demasiado favorables como para dejarlas pasar. Poco después de la serie de encuentros disputados en The Oval, cuyo quinto y último episodio tuvo lugar el 24 de febrero de 1872, se disputó la final de la primera FA Cup. El campeón llegó a la final tras la retirada del Queen’s Park escocés. Sucedió que en el partido de semifinal, disputado el 5 de marzo, Wanderers y Queen’s Park terminaron con empate sin goles. El conjunto escocés no tuvo dinero suficiente para desplazarse a disputar el desempate cuatro días después y se vio obligado a retirarse. A Alcock le supo mal, a pesar de beneficiarle. La imagen de la primera competición oficial de fútbol resultó dañada y quedó patente que la organización era casi tan importante como el propio juego.

Se acordó entonces que el primer partido internacional  de la historia fuera en Escocia para evitar otro episodio similar. La fecha escogida, el día de su patrón. Y así fue. El 30 de noviembre de 1872, día de St. Andrews, se enfrentaron la primera selección inglesa de la historia contra su homónima escocesa.

Lógicamente, las dificultades a la hora de llevar cabo el encuentro fueron infinitas. Para empezar, los ingleses estaban más adelantados y tenían más medios. No tuvieron problemas en trasladarse ni en reclutar a los miembros del equipo. Escogieron entre los que habían despuntado en la recién estrenada FA Cup. Acudieron jugadores de nueve clubes distintos, siendo el Oxford University el más representado con tres integrantes.

Sin embargo, la parte escocesa no estaba tan preparada. De hecho, el equipo pionero del futbol y el único realmente organizado al norte del rio Tweed era el Queen’s Park, y como tal, aportó a todos los jugadores de su selección. En Escocia no existía entonces federación o asociación que aglutinara a los clubes. De hecho, fue a raíz del partido ante los ingleses cuando se apreció la necesidad de que existiera y fue fundada pocos meses después junto a la Copa de Escocia. Vistieron la indumentaria azul oscura que habitualmente utilizaba el Queen’s Park, pero con un león en el escudo, mientras que los ingleses estrenaron su primera equipación internacional: camiseta totalmente blanca con tres leones en el pecho.

Si bien en los cinco encuentros precedentes que había auspiciado la Football Association las normas habían quedado pactadas entre sus capitanes, para este debut internacional, se acordó que el árbitro fuera William Keay, que en realidad era el tesorero del Queen’s Park de Glasgow. Debe recordarse en este aspecto, que la única competición oficial que existía era la FA Cup, que apenas habían disputado un puñado de equipos. Por tanto, el oficio de árbitro como tal estaba aún más en pañales que el propio fútbol.

Para desgracia de Alcock, después de preparar ese momento durante tanto tiempo, no pudo jugar ni un solo minuto. Se lesionó tres semanas antes del choque y asistió en calidad de capitán del equipo.

EMPATE INESPERADO

El partido empezó con 20’ de retraso y terminó sin goles. A pesar de que los cronistas reflejaron multitud de ocasiones claras –especialmente una de la selección escocesa en los últimos minutos- no hubo manera de mover el marcador. Se anuló un tanto tras pactar ambos capitanes que un remate escocés había pasado por encima de la soga horizontal que delimitaba la portería, ya que la existencia de un larguero rígido sería algo posterior. Entonces el árbitro no estaba en el terreno de juego y sólo intervenía en caso de desavenencia entre capitanes.

No estaban permitidos los cambios, por lo que los dos equipos terminaron como empezaron, cosa nada sencilla, pues las protecciones no existían y eran habituales las lesiones. Quede como muestra de la indefinición de aquellos primeros días que el portero de la selección inglesa cambió con un compañero su posición en la segunda parte para sumarse al ataque y tratar de conseguir la victoria.

Seguramente, gran parte de la culpa de aquel empate a cero con el que arrancó la historia de los partidos internacionales la tuvo el estado del terreno de juego. Durante el encuentro llovió torrencialmente por momentos, pero lo peor había caído los tres días anteriores, en los que no dejó de diluviar ni un solo minuto. Manejar el pesadísimo balón se hizo imposible. Sólo conseguir que se desplazara ya parecía un triunfo.

Sea como fuere, lo más llamativo de aquel primer partido internacional fueron las tácticas empleadas por ambos conjuntos. Los escoceses, más reservones, salieron al campo con un 2-2-6, siendo dos jugadores los encargados de defender casi en exclusiva y otros dos los que debían realizar la transición hacia el ataque.  Esa bendita locura de principiantes tuvo aún mayor atrevimiento por parte de los ingleses, que salieron al West of Scotland Hamilton Crescent con un inigualable ¡¡1-1-8!! Básicamente se trataba de que alguien sacara el balón de atrás y de que alguien ocupara el espacio vacío del centro del campo para cazar los rechaces que salían despedidos de las acciones en las áreas. El resto, a la caza del gol por los medios que cada uno tuviese a bien, ya que en sus comienzos, el fútbol no era combinativo. No había pases más allá de los necesarios para acercar la pelota a distancia de ser chutada.

El ambiente fue absolutamente cordial y amigable. El éxito del partido fue rotundo. El hecho de que el aforo doblara el que había registrado la final de la FA Cup produjo un triple efecto interesante. Por un lado fue la chispa definitiva para que Escocia estudiara de inmediato la necesidad de crear su propia asociación. En un segundo término espoleó a los ingleses, que se habían visto superados en algo que tenían como suyo. y en tercera instancia, se asoció por primera vez el fútbol a un deporte de masas. Esas 4.000 personas que pagaron un chelín por ver el partido demostraron que el deporte tenía un potencial que debía ser explorado.

El colofón de la historia del primer partido internacional de fútbol no formará nunca parte de la épica. Tras comprobar el éxito de Glasgow, se acordó que se disputaría un partido en Inglaterra en el que Escocia devolvería la visita. Organizado por la FA, se disputó el 8 de marzo de 1873 en The Oval. Se trataba del primer partido internacional en suelo inglés, pero quedó deslucido porque Escocia sólo pudo reunir dinero para pagar el pasaje a ocho jugadores y se presentó en Londres sin tres de sus integrantes. Hubo que reclutar de urgencia a tres ingleses de origen escoces a modo de parche para completar la alineación.

Curiosamente, los ingleses copiaron la táctica que habían utilizado los escoceses en Glasgow y salieron al campo con un 2-2-6. El encuentro terminó 4-2 para Inglaterra. Cinco días más tarde se fúndo en Glasgow la Scotish Football Asociation. El fútbol, que existía como juego desde unos años antes, había nacido como deporte, tenía estructura, un torneo respetado y lo practicaban en varios países. Era cuestión de tiempo que su crecimiento fuera imparable.

 

 

 

 

La FA Cup como referente

Uno de los pasos más decisivos en el desarrollo del fútbol como deporte universal fue la creación de la primera competición seria y organizada. A pesar de las dificultades ya relatadas de su primera edición, la FA Cup cuajó rápidamente entre equipos y público. Tras el año del debut, las dos temporadas siguientes se disputó bajo el sistema de desafío –por algo se fundó como Challenge Cup-, por lo que el campeón disputaba únicamente la final ante el equipo saliente de las eliminatorias.

Así, el Wanderers de los hermanos Alcock, que había vencido en la primera final al Royal Engenieers, se impuso en la segunda al derrotar al aspirante -Oxford University-. Al tercer año el sistema cambió y el campeón tuvo que disputar las rondas eliminatorias como el resto. En las siguientes dos temporadas, los hasta entonces subcampeones se tomaron la revancha. Los estudiantes del Oxford University lograron un título, mientras el Royal Engineers se hizo con otro.

Poco duró la alternancia, puesto que los siguientes tres años el Wanderers FC volvió a llevarse la preciada Copa con lo que sumaba un total de cinco en siete ediciones. En 1883 el Blackburn, que había figurado como uno de los fundadores, se llevó por primera vez la FA Cup al norte de Inglaterra.

En el primer cuarto de siglo, salvo en tres ocasiones, todas las finales se disputaron en el Kennington Oval. Después de algunos años, en 1922 se estableció Wembley como sede de la final, manteniéndose hasta nuestros días, con la excepción de la época en la que se construyó el nuevo Wembley, que se disputó en el estadio del Milenio de Cardiff (Gales).

Un chelín por ver el espectáculo

Puede afirmarse que desde el primer momento el fútbol casó bien con los conceptos de ‘espectáculo’ y ‘negocio’. A pesar de que aún no existía la Federación Escocesa y de que ninguno de los equipos habían sido reconocidos como selecciones oficiales ni tenían precedentes, aquel día de St. Andrews se cobró un chelín a los asistentes, que acudieron en la nada despreciable cifra de 4.000 al campo de cricket de Hamilton Crescent, en Partrick, Glasgow. Los escoceses, con su bien merecida fama de amor por el dinero, hicieron el agosto en pleno mes de noviembre.

Para tener una dimensión del éxito del partido, sirva reseñar que la final de la FA Cup, disputada unos meses antes, había registrado una entrada de 2.000 espectadores, que supuso todo un récord en su momento.

Las tácticas de la época resultan casi cómicas vistas hoy  en día. Escocia saltó al campo con un 2-2-6. Inglaterra fue  más allá con un inaudito1-1-8.