La insoportable levedad del Barça

Aún clasificado, el juego y sensaciones del conjunto culé no ofrecen buen pronóstico.

Lenglet en el Barcelona-Napoli de Champions League 2019-2020
Lenglet en el Barcelona-Napoli de Champions League 2019-2020

Escuchar el himno de la Champions un 8 de agosto es tan anacrónico que uno no atiende a comprender si está viendo una fase previa de la próxima temporada o, merced y obra del coronavirus, se trata de la vuelta de octavos de final que comenzaron hace 6 meses. Hemos de agradecer al Barcelona que nos quitara las dudas rápido: su otrora polémico uniforme ajedrezado y el insulso juego nos confirmaron que seguimos en los últimos compases de la temporada 2019-2020. Cierto es que el conjunto culé solventó el primer match-ball con éxito y suyo será uno de los escudos que opten al trono europeo en la final a ocho de Lisboa pero no cabe engañarse: jugando como ayer la balanza está a favor de un Bayern Múnich que, tras gobernar con puño de hierro en la reanudación de la Bundesliga, se deshizo cómodamente del Chelsea ayer.

El resultado final contra el Napoli, 3-1, resulta engañoso. Ya no por el tiro al palo de Dries Mertens al minuto de empezar el partido (siendo a puerta cerrada, les evitaré el tan manido "cuando la grada todavía no había ocupado sus localidades"), ni por el asedio constante a la portería de Ter Stegen durante la segunda parte: el juego barcelonista pareció carecer de un propósito y algunos errores de precisión en defensa y pase parecían más propios de un partido del Trofeo Joan Gamper. Los goles surgieron de chispazos no conectados y de tres jugadas, cabe decirlo, afortunadas. El primero, de Lenglet de cabeza tras saque de esquina (una suerte en la que el último gol del Barcelona en Champions data de diciembre de 2017, como recordaba MisterChip). El segundo, un imposible de Messi caracoleando entre contrarios, captando algún rebote con suerte y acertando a disparar en semicaída al palo largo de un Ospina que todavía debe estar pensando cómo pudo salir la bola del enjambre de seis hombres napolitanos al que estaba sometido Leo. El penalti del tercero lo provocó un detalle de picardía de, quién si no, Messi, que interpuso su pie entre la bota de Koulibaly y el balón mientras el defensa trataba de dar un pase largo, pero penalti, transformado por Suárez, al fin y al cabo.

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Griezmann, combativo pero sin chispa

 

No negaremos que el Barcelona tuvo, quizá, 10 o 15 minutos de chispa en el juego entre el gol de Lenglet, en el minuto 10, y un gol anulado a Messi en el 30 por mano involuntaria al recibir en el área un pase maestro con el exterior de Frenkie de Jong, uno de los mejores ayer. Salvando aquello, no ofreció sensaciones de dominio ante un Nápoles que, Gattuso mediante, salió al Camp Nou conociendo que su única salvación era el gol, aunque le llegó tarde, con 3-0 en el marcador y en el descuento de la primera parte tras un penalti cometido por Rakitic (titular ayer, pese a los rumores de su salida, dadas las bajas en el mediocampo culé) y que transformó Insigne.

La segunda parte comenzó con un previsible acoso y derribo a la meta culé de Ter Stegen, que hubo de aparecer más de lo deseado. El Napoli terminaba constantemente jugadas, forzaba corners y presagiaba un final agónico de partido. El Barça defendió sus costuras como buenamente pudo y trató de hilvanar alguna contra pero una mezcla de falta de claridad, de fortuna y de continuas faltas del conjunto de Gattuso impidieron la llegada a puerta. A 20 minutos del final comenzaron los cambios en el conjunto italiano, que decidió añadir sangre fresca arriba: primero Politano y Lozano, 10' más tarde Elmas y Milik. Fue este último el que puso en vilo al aficionado (a puerta cerrada, les evito el "dejó a la grada con un nudo en la gargante") con un gol de cabeza anulado por fuera de juego. 

Setién, amenazado casi desde el primer día que se llegó a Can Barça, no movió ficha en el mermado banquillo culé, plagado de canteranos hasta el minuto 84, en el que dio entrada a Monchu (que debutó en Champoions) anter un combativo Griezmann que, pese a intentarlo, no brilló en demasía. El segundo cambio, Firpo por Suárez, llegó ya cumplido el reglamentario (minuto 92), cuando el conjunto napolitano comenzó a comprender que no saldría del Camp Nou con un billete para Lisboa que, en el caso del Barça, hace pensar que este juego no será suficiente ante un Bayern mucho más competitivo y que ofrece mejores sensaciones, por anacrónico que pueda resultar jugar unos cuartos de Champions a partido único el 14 de agosto en vez del Teresa Herrera.

Messi celebra su gol ante el Nápoles en el partido de vuelta de octavos de final de la Champions League 2020-2021.
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