El colapso

Un calamitoso Barcelona recibe en Lisboa su mayor derrota en Champions ante un Bayern implacable.

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Que el Bayern partía como claro favorito del choque de cuartos de final de la Champions League ante el Barcelona era algo que, quien más quien menos, reconocía. Que el conjunto bávaro, martillo pilón en la Bundesliga e implacable en el partido ante el Chelsea de la semana pasada iba a a apisonar de una manera tan estrepitosa al conjunto culé quizá no entrase dentro de los pronósticos comunes, pese a las sensaciones ofrecidas por el Barça la semana pasada ante el Napoli. A tenor de lo vivido en los 90 minutos jugados en el Estadio de La Luz el 8-2 evidencia la descomunal distancia entre la planificación del equipo alemán y la deshilachada plantilla de Setién.

Trató el técnico cántabro de contener las previsibles acometidas del Bayern colocando a Vidal en la medular junto a Busquets y De Jong, sacrificando para ello a Griezmann, buscando combatir con músculo el anunciado poderío físico alemán. Un dique que se vio insuficiente a los tres minutos de partido, primera de las ocho veces que el Barcelona recogería el balón de sus redes, tras una pared de Müller y Lewandowski que acabó en gol del primero.

Ante tan nefasto inicio igualó un gol en propia puerta de Alaba (minuto 6), lo que insufló algo de coraje al equipo culé, que vería un mano a mano entre Suárez y Neuer poco después y un centro chut de Messi que acabaría en el palo. Otra jugada el argentino cercana al minuto 20, que terminaría en córner, mostraba a un Barça que, lejos de ser brillante, se acercaba al marco alemán. 

Duró poco la igualada: en el minuto 21, tras pase estrepitoso de Sergi Roberto hacia Semedo, Perisic recibió solo en la posición de extremo izquierdo para cruzar un disparo potente que Ter Stegen, hoy sin el disfraz de santo, no pudo despejar. Hasta el 30 el Bayern perforaría en dos ocasiones más la meta culé: primero Gnabry, recibiendo un globo de Leon Goretzka a la espalda de un lento Lenglet, y después, de nuevo, Müller, anticipándose a un pase por la línea de fondo. 

Con 4-1 en el marcador y solo 30 minutos de juego disputado el Bayern mostró seguir sediento de sangre con la presión alta en la salida de un Barcelona apagado hasta para los saques de puerta (hay espectáculos circenses menos divertidos que el doble intento de Ter Stegen, Piqué y Lenglet de la primera parte) y lejos de poder conectar con la dupla atacante. 

Tras el descanso Setién decidió dar salida a Griezmann por Sergi Roberto, uno de los más señalados en esta noche infame. Después un intercambio de golpes marcaría Suárez de jugada individual tras un hábil regate a Boateng el 4-2 (minuto 56). Quedaba poco más de media hora y algún aficionado culé se aferraba al espíritu del PSG: infelices. Ocho minutos después el lateral izquierdo Davies, en una portentosa jugada individual en la que regateó a medio Barça para servirle a placer el 5-2 a Kimmich, demostraba que hoy no era el día. 

A mayores el Séptimo de Caballería muniqués entró en el campo: las piernas frescas de Coman, Coutinho y Sule relevaban a Perisic, Gnabry y Boateng. Setién, lejos de agotar sus cambios, introdujo a Ansu Fati por un triste Sergi Busquets. Mientras el Bayern, a lo suyo, continuaba asediando el marco de un Ter Stegen contagiado de la sensación de inseguridad de sus compañeros. Cualquier sensación de remontada se veía lejana pero nadie podía imaginar que faltaba por llegar el colapso en los diez últimos minutos del partido con un Philippe Coutinho, a la sazón cedido por el Barça, que redondearía la catástrofe con asistencia a Lewandowski y doblete. 

Cuando el árbitro quiso pitar el final los enciclopédicos acudieron a la hemeroteca para constatar que jamás el Barcelona había encajado ocho goles en competición europea, que la última vez que lo hizo fue ante el Sevilla en 1946, en la Copa del Generalísimo y que hacía 26 años de la última vez que los culés encajaban cuatro goles en una primera parte. Una derrota sin paliativos que pone en la picota a plantilla, entrenador, directiva, cuerpo técnico y, si me apuran, hasta el escudo.

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