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Andrea Pirlo | "Desde muy joven supe que era mejor que los demás"

¿Arrogante? Quizás. ¿Distante? Sí. ¿Adorado por todo el mundo? Hacemos un repaso de la vida de un mito.
Andrew Murray | Fotografía: Gu Zhichao / Contour -
Andrea Pirlo | "Desde muy joven supe que era mejor que los demás"
Andrea Pirlo | "Desde muy joven supe que era mejor que los demás"

Andrea Pirlo es ese jugador al que todos quieren parecerse. Elegante, con aires de caballero italiano y con un talento bárbaro con la pelota. ¿A quién no le gustaría ser Pirlo? Tras disputar final de la Champions League frente al Barça, el genio italiano decidió poner punto y final a su etapa en Italia. Su país tardará en olvidar sus pases, sus centros medidos y sus lanzamientos de falta, ese arte que sólo unos pocos atisban y muy pocos llegan a dominar.

Su magia ahora la disfrutan en Estados Unidos. El New York City Football Club de David Villa tiene en sus filas a uno de los futbolistas que más pasiones ha levantado dentro del fútbol europeo. Hablar de Italia era hablar de Pirlo, pero ahora sólo queda su recuerdo. Mientras tanto, en la MLS disfrutan de los últimos coletazos de una leyenda del fútbol.

Amaba tanto este deporte que hasta odiaba los prolegómenos del mismo. En su autobiografía ‘Pienso, luego juego’, Pirlo habla de lo mucho que le disgusta el calentamiento previo a los partidos, y no duda en calificarlo como una masturbación previa: “Imagina que tienes frente a ti desnuda a Bar Refaeli -modelo israelí- y decirla: ‘espera aquí, en 15 minutos estoy contigo’. Es exactamente lo mismo que pienso cuando estoy a punto de jugar contra el Real Madrid, el Barcelona o algún otro súper equipo”, explica el italiano.

A sus 38 años, repasar el palmarés de Andrea Pirlo es ojear un libro de historia con tapas de cuero, con el que cada cambio de página deja escapar el aroma del césped recién cortado. El Mundial de 2006, los seis títulos ligueros en la Serie A y, por supuesto, las dos Champions League, completan un palmarés envidiable para cualquier jugador, aunque no para alguien de la categoría de Andrea Pirlo, al que siempre le quedará la espina clavada de no haber ganado la Eurocopa con la ‘azzurra’.

El egoísmo de quien se sabe superior

Roberto Clerici, encargado de uno de los filiales del Brescia en 1992 -en el que Pirlo ya llamaba la atención-, habla maravillas: “Pirlo sabía de su talento, aunque muchas veces se recreaba demasiado en su capacidad para dar pases y tenía que azotarle en el culo. Era un jugador que no hacía muchas faltas, él quería jugar y las faltas le restaban tiempo de hacerlo”, cuenta Clerici. El talento suele dar muestras de su existencia a muy temprana edad, y en el caso de Pirlo, con tan sólo 13 años ya dejaba atisbar lo que estaba por venir.

Pero el talento tiene que tener un buen terreno en el que germinar, y en el caso de Andrea lo encontró en las playas de Viareggio, donde, con solamente 4 años, el fútbol lo era todo para él. “Jugaba partidos en la arena con su hermano Iván y sus amigos, que tenían dos años más. Andrea sólo pensaba en el fútbol, era un niño tímido, pero no introvertido. Se quedaba jugando al fútbol con su hermano hasta la hora de cenar”.

Desde pequeños, todos los que le veían jugar, pensaban en el futuro que tenía por delante. Él no era ajeno a su talento. “Desde muy pronto supe que era mejor que los demás”, afirma en su autobiografía.

Lo pensó también Mircea Lucescu, entrenador del primer equipo del Brescia, un año después de que Andrea Pirlo se uniera a la escuadra. Quedó prendado de su talento. Entrenaba con el primer equipo y llegó a jugar varios amistosos de pretemporada frente al Estrella Roja de Belgrado y al Steaua de Bucarest. Los celos y la sensación de impotencia que habían sentido sus compañeros años atrás, se trasladaban ahora al vestuario del Brescia. “Algunos estaban celosos de él y tenían miedo de perder su puesto en el equipo por su culpa”, afirma Adelio Moro, asistente de Lucescu por entonces. Pirlo aún recuerda esos días y habla de al menos diez tentativas de 'asesinato' por sesión de entrenamiento. Los veteranos del Brescia no toleraban nada bien que un novato se pavonease delante suyo y amenazase su puesto.

Andrea Pirlo es ese jugador al que todos quieren parecerse. Elegante, con aires de caballero italiano y con un talento bárbaro con la pelota. ¿A quién no le gustaría ser Pirlo? Tras disputar final de la Champions League frente al Barça, el genio italiano decidió poner punto y final a su etapa en Italia. Su país tardará en olvidar sus pases, sus centros medidos y sus lanzamientos de falta, ese arte que sólo unos pocos atisban y muy pocos llegan a dominar.

Su magia ahora la disfrutan en Estados Unidos. El New York City Football Club de David Villa tiene en sus filas a uno de los futbolistas que más pasiones ha levantado dentro del fútbol europeo. Hablar de Italia era hablar de Pirlo, pero ahora sólo queda su recuerdo. Mientras tanto, en la MLS disfrutan de los últimos coletazos de una leyenda del fútbol.

Amaba tanto este deporte que hasta odiaba los prolegómenos del mismo. En su autobiografía ‘Pienso, luego juego’, Pirlo habla de lo mucho que le disgusta el calentamiento previo a los partidos, y no duda en calificarlo como una masturbación previa: “Imagina que tienes frente a ti desnuda a Bar Refaeli -modelo israelí- y decirla: ‘espera aquí, en 15 minutos estoy contigo’. Es exactamente lo mismo que pienso cuando estoy a punto de jugar contra el Real Madrid, el Barcelona o algún otro súper equipo”, explica el italiano.

A sus 38 años, repasar el palmarés de Andrea Pirlo es ojear un libro de historia con tapas de cuero, con el que cada cambio de página deja escapar el aroma del césped recién cortado. El Mundial de 2006, los seis títulos ligueros en la Serie A y, por supuesto, las dos Champions League, completan un palmarés envidiable para cualquier jugador, aunque no para alguien de la categoría de Andrea Pirlo, al que siempre le quedará la espina clavada de no haber ganado la Eurocopa con la ‘azzurra’.

El egoísmo de quien se sabe superior

Roberto Clerici, encargado de uno de los filiales del Brescia en 1992 -en el que Pirlo ya llamaba la atención-, habla maravillas: “Pirlo sabía de su talento, aunque muchas veces se recreaba demasiado en su capacidad para dar pases y tenía que azotarle en el culo. Era un jugador que no hacía muchas faltas, él quería jugar y las faltas le restaban tiempo de hacerlo”, cuenta Clerici. El talento suele dar muestras de su existencia a muy temprana edad, y en el caso de Pirlo, con tan sólo 13 años ya dejaba atisbar lo que estaba por venir.

Pero el talento tiene que tener un buen terreno en el que germinar, y en el caso de Andrea lo encontró en las playas de Viareggio, donde, con solamente 4 años, el fútbol lo era todo para él. “Jugaba partidos en la arena con su hermano Iván y sus amigos, que tenían dos años más. Andrea sólo pensaba en el fútbol, era un niño tímido, pero no introvertido. Se quedaba jugando al fútbol con su hermano hasta la hora de cenar”.

Desde pequeños, todos los que le veían jugar, pensaban en el futuro que tenía por delante. Él no era ajeno a su talento. “Desde muy pronto supe que era mejor que los demás”, afirma en su autobiografía.

Lo pensó también Mircea Lucescu, entrenador del primer equipo del Brescia, un año después de que Andrea Pirlo se uniera a la escuadra. Quedó prendado de su talento. Entrenaba con el primer equipo y llegó a jugar varios amistosos de pretemporada frente al Estrella Roja de Belgrado y al Steaua de Bucarest. Los celos y la sensación de impotencia que habían sentido sus compañeros años atrás, se trasladaban ahora al vestuario del Brescia. “Algunos estaban celosos de él y tenían miedo de perder su puesto en el equipo por su culpa”, afirma Adelio Moro, asistente de Lucescu por entonces. Pirlo aún recuerda esos días y habla de al menos diez tentativas de 'asesinato' por sesión de entrenamiento. Los veteranos del Brescia no toleraban nada bien que un novato se pavonease delante suyo y amenazase su puesto.

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El nacimiento del ‘regista’

Su etapa en el Brescia tuvo dos altibajos que supondrían sendos puntos de inflexión en su carrera. El primero fue en la temporada 96/97, cuando el Brescia, volcado con el juego de un chaval de 17 años, conseguía ganar el título que le acreditaba como campeón de la Serie B. Pirlo despuntaba y muchos eran los equipos que se interesaron por él. “Nunca tendremos el dinero para comprar a un jugador como Pirlo. Le retendré tanto tiempo como pueda mientras estemos en la Serie A”, admitía Gino Corioni, presidente del club lombardo. No le hizo falta mucho tiempo para poner a prueba su palabra. Doce meses después de conseguir el ascenso, el Brescia perdía la categoría y algo más, pues Andrea Pirlo ponía fin a su etapa en el cuadro lombardo.

El Inter sería su destino. Para el recuerdo, aquella nerviosa silueta de un Pirlo que temblaba cuando se miraba al espejo y se veía con la misma camiseta que Ronaldo, Djorkaeff o Roberto Baggio, el héroe de su infancia. ¿Quién no lo estaría?

En Milán le costó aclimatarse. No fue fácil entenderse con cuatro entrenadores diferentes en sólo una temporada. Gigi Simoni, Mircela Lucescu, Luciano Castellini y Roy Hodgson, siendo estos dos últimos los que menos recurrieron a Pirlo durante la temporada. Con 19 años, él necesitaba jugar. Salir al final de cada partido no era suficiente. El talento de Andrea corría peligro de estancarse. Por suerte, apareció en la siguiente temporada Marcello Lippi, que supo ver lo que Castellini y Hodgson fueron incapaces. Cedió a Pirlo al Reggina, donde gozó de los minutos y la regularidad que tanto necesitaba. Se ganó el puesto a base de trabajo y con la exigencia del que se sabe mejor que el resto y que por ello debe ser el ejemplo a seguir. “Cuando terminaba el entrenamiento tenía que cortar la luz para obligar a Andrea a irse a casa. De lo contrario habría practicado durante toda la noche”, cuenta el que por entonces era entrenador del Reggina, Franco Coloma.

Terminada su cesión, volvió al Inter con ánimos renovados tras capitanear a Italia en el Europeo sub-21 y ser nombrado el mejor jugador del torneo. Estaba listo para hacer lo propio en el Inter, pero su felicidad duró más bien poco. Lippi fue destituido, y fue Marco Tardelli -quien había dirigido a la sub 21 en la consecución del título europeo- el que se haría cargo del conjunto ‘nerazzurro’. Sorprendentemente no contó con Pirlo en los primeros seis meses. “A lo mejor no me había reconocido. Perdí la cuenta del número de veces que quise decirle: ‘¿sabes por dónde te puedes meter tu famoso rugido?’ Pero al ser una persona educada, me contuve”.

A falta de diez partidos para que terminase la temporada, Andrea Pirlo volvió a ser cedido, regresando al Brescia, donde se encontraría con su admirado Roberto Baggio, que pese a su avanzada edad seguía derrochando calidad y goles para hacer valer aquello del ‘quien tuvo, retuvo’ y llevar al equipo a su época dorada. Con Baggio ocupando la que por entonces era la posición de Pirlo en el terreno de juego, Carlo Mazzone apostó por retrasar la posición de éste. El cambio no pudo ser mejor, ya que Pirlo abandonaba la posición de ‘trequartista’ para pasar a ser ‘regista’. “Como ‘trequartista’, la falta de espacio podía anular sus habilidades, pero como centrocampista de creación su aportación se acrecentaba. Aquí Pirlo hizo cantar a la pelota y pese a ser alguien tan joven ya tenía las maneras de alguien que sabía a dónde tenía que ir”, revela Mazzone.

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Ancelotti, su 'padre'

Terminada su cesión, Pirlo volvió a Milán. Sin embargo, no volvería a vestir la ‘neoazzurra’. Harto de tener que ganarse el puesto temporada tras temporada y de no contar con la confianza de sus entrenadores, el de Flero decidió salir del Inter, aunque no se fue muy lejos. El AC Milán sería su destino. Andrea se pasó al eterno rival por sólo 18 millones de euros. Allí coincidió con Carlo Ancelotti, que terminaría de pulir su talento. Fue, en palabras del propio jugador, su padre futbolístico. Con ‘Carletto’ en el banco, su labor como ‘regista’ alcanzó su punto álgido. Escoltado por Gattuso y Seedorf, Pirlo dirigía la orquesta ‘rossonera’ mientras Ancelotti levantaba la ceja al tiempo que sonreía. No tenía nada que decirle, Pirlo sabía qué hacer en cada momento, en cada situación. El buen juego tardó poco en traducirse en títulos.  Pirlo había empezado a cambiar el fútbol en Italia: “Mi rol en el Milán supuso un cambio de tendencia en el fútbol italiano. Me enorgullece haber inculcado el ‘jogo bonito’ en mi país”, comentaba Andrea años después.

Pirlo y el Real Madrid

No es ningún secreto que más de un entrenador ha tratado de tentar a Andrea Pirlo para que abandonase Italia. El que estuvo más cerca de lograrlo fue Fabio Capello en el verano de 2006, cuando estaba confeccionando la plantilla del Real Madrid. “Era jugador del Real Madrid en mi cabeza, en mi corazón y en mi alma. Tenía un contrato de cinco años esperando y un sueldo que no era de este mundo”, afirma el propio Pirlo. Y es que se veía a sí mismo vistiendo el blanco del Real Madrid, paseando por la Castellana y admirando el Santiago Bernabéu. “Pensaba en español, soñaba en español, volando hacia Madrid y aterrizando en algún sitio entre la Plaza Mayor y la Puerta del Sol”.

Únicamente, Adriano Galliani pudo retener al talentoso centrocampista italiano cuando Pirlo y su agente se encontraban con él negociando el que iba a ser su traspaso al equipo blanco. Antes de llegar a exponer los términos en los que se iba a cerrar el acuerdo, Galliani miró a Pirlo y le dijo: “Andrea, amigo, no vas a ninguna parte” para seguidamente sacar de debajo de la mesa una cajita que contenía un contrato: “No te vas porque vas a firmar esto. Es por cinco años y hemos dejado los detalles del salario en blanco para que puedas escribir lo que quieras”, le dijo el dirigente ‘rossonero’.  

Un cheque en blanco, eso es lo que le ofrecía el Milán. La opción de cambiar Italia por España se desvanecía. Aún recuerda Pirlo lo difícil que fue tomar aquella decisión. “Fue una lástima que se esfumara de la forma que lo hizo. Habría firmado por el Real Madrid en un santiamén. Es un club con más glamour que el Milán, con más perspectivas, más atractivo, más de todo. El Madrid infunde miedo en todos los rivales. Lo bueno es que al final de la temporada tuve el consuelo de ganar la Champions. Podría haber sido mucho peor”, se consuela el hoy futbolista del New York City.  

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Matrimonio con la ‘Vecchia Signora’

Una década vistiendo el rojo y el negro del Milán fue el tiempo que Andrea Pirlo dedicó al cuadro’ rossonero’. Una época en la que uno de los jugadores con más criterio con el balón construyó a su alrededor una obra de arte coronada con cada uno de los títulos logrados. Ancelotti y Leonardo tuvieron a su disposición al mejor centrocampista italiano del momento. Pirlo distribuía juego, tomaba decisiones y nadie le cuestionaba, hasta que en 2010 se le planteó el momento de renovar. Galliani le citó en su despacho y Pirlo, rodeado de fotos que inmortalizaban los mejores momentos del club, escuchó las siguientes palabras: “Andrea, nuestro entrenador -Allegri- me comenta que si te quedas con nosotros, no podrás seguir jugando por delante de la defensa. Ha pensado un nuevo rol para ti. Sigues en el centro del campo, pero más escorado hacia la izquierda. Contigo en el banquillo hemos ganado la Liga. Ya sabes que este año la estrategia ha cambiado, vas a cumplir 30 años y sólo te podemos ofrecer un año más”. Pirlo se sorprendió. “Pensaba que aún podía dar lo mejor de mí jugando por delante de la defensa. Por no hablar de que hasta ese mismo momento, nunca me había sentido viejo, aunque de manera indirecta hubiese gente que intentase hacerme creer que estaba acabado”, rememora el italiano.

Sobre la mesa tenía una oferta de la Juve, que se comprometía tres años. La decisión fue sencilla. Su llegada al club ‘bianconero’ coincidió con los años de dominio de la ‘Vecchia Signora’, así que las voces que tildaban a Pirlo de estar acabado, se silenciaron. Y es que Conte diseñó un equipo entorno al ‘regista’ que le sirvió no sólo para dominar Italia, sino para otorgar una segunda juventud al genio. Su tercera ‘orejona’ habría sido el final idóneo para poner punto y final a su etapa en Italia, pero se cruzó el Barça de Messi y compañía, los únicos capaces de evitar que Pirlo agrandase aún más su leyenda.

Y es que Andrea es diferente. A nadie le cabe duda de ello. No existe jugador que pase la pelota como él. Y menos en Italia, donde los centrales duros y los jugadores más pillos definían el fútbol italiano. No había nadie como Andrea. “Soy un centrocampista en la búsqueda constante de un rincón en el que pueda ser yo mismo, coger la pelota, dársela a un compañero y que el compañero marque. Se llama asistencia y es mi forma de repartir felicidad”.

La que ahora reparte en el New York City, donde Pirlo continúa disfrutando del fútbol sin la exigencia de un club europeo. Así lo ve Franco Colomba, quien fuera su entrenador en el Brescia: “si se quedaba en Italia la gente empezaría a decir que comienza a estar acabado, mientras que en Estados Unidos puede estar enseñándoles a cómo jugar al fútbol hasta 2040. Pirlo es el mejor jugador que yo haya visto”. No se sabe si será hasta 2040, pero lo que está claro es que Andrea Pirlo continuará impartiendo clases de fútbol mientras disfrute.  

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