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Juninho: "Es complicado creer a Michel Salgado"

No tiene nada contra él, pero Juninho, el brasileño que se metió en el corazón de los hinchas del Atleti, todavía no ha sido capaz de olvidar la entrada que truncó su carrera. Siguió jugando, pero ya nunca volvió a ser el mismo.
Marcus Alves | Fotografía: Janne Roriz -
Juninho: "Es complicado creer a Michel Salgado"
Juninho: "Es complicado creer a Michel Salgado"

No hay atlético con la mayoría de edad cumplida que no recuerde a ese brasileño pequeñito y delgadito que levantó en más de una ocasión a todo el Calderón cuando los noventa empezaban a morir. Pero una muy fea entrada de Michel Salgado cambió todo. Su alegría sobre el campo dio paso a un calvario que ya no le dejó volver a ser el mismo. Juninho Paulista (Sao Paulo, 22 de febrero de 1973) fue, junto al mítico Vieri, el fichaje estrella del Atlético de Madrid en el verano del 97. Pronto se metió en el corazón de la hinchada del Manzanares –su nombre incluso aparece en el himno del Centenario de Joaquín Sabina-, pero su romance con la rojiblanca duró menos de lo que hace creer la huella que dejó. Aquella tarde de Balaídos en la que Salgado, por entonces en el Celta, le destrozó su peroné izquierdo, fue el comienzo de su fin. En 1999 se subió al tren de las cesiones para ya jamás volver al Atleti. Con 42 años y ya retirado del fútbol, Juninho es actualmente el presidente del Ituano FC, equipo de la Serie C brasileña.

Perteneces a esa estirpe de pequeñitos que ahora están tan de moda. ¿La estatura fue una ayuda o un obstáculo en tu época?

Al principio era una desventaja. Llegué a pensar un par de veces hasta en retirarme porque los entrenadores no confiaban en mí por ser pequeñito, pero trabajé muy duro para demostrar que estaba listo para ser profesional. Ya en la élite fue totalmente diferente. Creían que al ser bajo los músculos serían más endebles, pero en toda mi carrera sólo tuve una o dos lesiones musculares, y eso que solía jugar todos los partidos. Era pequeño, pero no débil.

¿Es cierto que en Sao Paulo jugaste dos partidos en una misma noche?

El calendario brasileño era una locura en los 90, por lo que si un club grande quería luchar por los títulos, tenía que tener casi dos equipos. Era una etapa en la que yo estaba entre los titulares y los reservas, así que acabé jugando un montón de partidos. Era un calendario tan loco que acabó obligando a Sao Paulo a jugar dos encuentros en una noche. Nos enfrentamos primero al Sporting Cristal a las 20:00 en la Copa Conmebol –una de las precursoras de la actual Copa Sudamericana-, donde marqué y ganamos 3-1, y luego, tras pasar por el vestuario para cambiarnos de equipación, volvimos a salir para jugar a las 22:00 un partido de Liga contra el Gremio, en el que volvimos a ganar 3-1. ¡Era de récord Guinness!

¿Por qué te llamaban ‘Chucky’ en el Sao Paulo?

¿Cómo lo sabes? ¡Fue una payasada de Cafú! Disfrutaba poniendo apodos a todo el mundo. Aún me llama ‘Chucky’. Decía que me parecía al muñeco de la película, pero yo creo que soy más guapo –risas-.

Era raro y poco habitual que un brasileño de su estilo se fuera para la Premier en 1995. ¿Por qué elegiste Inglaterra? ¿Habías ya oído hablar del Middlesbrough antes de fichar por él? ¿Tenías otras ofertas?

Me enteré de que había habido conversaciones con el Arsenal, pero no hicieron oferta en sí porque había una gran diferencia entre lo que yo quería y lo que ellos estaban dispuestos a ofrecer. Fue entonces cuando el Middlesbrough apareció. La Premier no se veía todavía en Brasil, así que la conocía muy poco, pero, por supuesto, había oído hablar del equipo. Antes de firmar, me puse a ver partidos y empecé a asustarme por cómo jugaban en largo y por el juego tan físico. Llegué a la Premier en octubre y hacía muchísimo frío, no sentía ni los pies, así que tuve que poner trozos de periódico dentro de las botas para que se calentaran.

No hay atlético con la mayoría de edad cumplida que no recuerde a ese brasileño pequeñito y delgadito que levantó en más de una ocasión a todo el Calderón cuando los noventa empezaban a morir. Pero una muy fea entrada de Michel Salgado cambió todo. Su alegría sobre el campo dio paso a un calvario que ya no le dejó volver a ser el mismo. Juninho Paulista (Sao Paulo, 22 de febrero de 1973) fue, junto al mítico Vieri, el fichaje estrella del Atlético de Madrid en el verano del 97. Pronto se metió en el corazón de la hinchada del Manzanares –su nombre incluso aparece en el himno del Centenario de Joaquín Sabina-, pero su romance con la rojiblanca duró menos de lo que hace creer la huella que dejó. Aquella tarde de Balaídos en la que Salgado, por entonces en el Celta, le destrozó su peroné izquierdo, fue el comienzo de su fin. En 1999 se subió al tren de las cesiones para ya jamás volver al Atleti. Con 42 años y ya retirado del fútbol, Juninho es actualmente el presidente del Ituano FC, equipo de la Serie C brasileña.

Perteneces a esa estirpe de pequeñitos que ahora están tan de moda. ¿La estatura fue una ayuda o un obstáculo en tu época?

Al principio era una desventaja. Llegué a pensar un par de veces hasta en retirarme porque los entrenadores no confiaban en mí por ser pequeñito, pero trabajé muy duro para demostrar que estaba listo para ser profesional. Ya en la élite fue totalmente diferente. Creían que al ser bajo los músculos serían más endebles, pero en toda mi carrera sólo tuve una o dos lesiones musculares, y eso que solía jugar todos los partidos. Era pequeño, pero no débil.

¿Es cierto que en Sao Paulo jugaste dos partidos en una misma noche?

El calendario brasileño era una locura en los 90, por lo que si un club grande quería luchar por los títulos, tenía que tener casi dos equipos. Era una etapa en la que yo estaba entre los titulares y los reservas, así que acabé jugando un montón de partidos. Era un calendario tan loco que acabó obligando a Sao Paulo a jugar dos encuentros en una noche. Nos enfrentamos primero al Sporting Cristal a las 20:00 en la Copa Conmebol –una de las precursoras de la actual Copa Sudamericana-, donde marqué y ganamos 3-1, y luego, tras pasar por el vestuario para cambiarnos de equipación, volvimos a salir para jugar a las 22:00 un partido de Liga contra el Gremio, en el que volvimos a ganar 3-1. ¡Era de récord Guinness!

¿Por qué te llamaban ‘Chucky’ en el Sao Paulo?

¿Cómo lo sabes? ¡Fue una payasada de Cafú! Disfrutaba poniendo apodos a todo el mundo. Aún me llama ‘Chucky’. Decía que me parecía al muñeco de la película, pero yo creo que soy más guapo –risas-.

Era raro y poco habitual que un brasileño de su estilo se fuera para la Premier en 1995. ¿Por qué elegiste Inglaterra? ¿Habías ya oído hablar del Middlesbrough antes de fichar por él? ¿Tenías otras ofertas?

Me enteré de que había habido conversaciones con el Arsenal, pero no hicieron oferta en sí porque había una gran diferencia entre lo que yo quería y lo que ellos estaban dispuestos a ofrecer. Fue entonces cuando el Middlesbrough apareció. La Premier no se veía todavía en Brasil, así que la conocía muy poco, pero, por supuesto, había oído hablar del equipo. Antes de firmar, me puse a ver partidos y empecé a asustarme por cómo jugaban en largo y por el juego tan físico. Llegué a la Premier en octubre y hacía muchísimo frío, no sentía ni los pies, así que tuve que poner trozos de periódico dentro de las botas para que se calentaran.

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¿Te sorprendió ver a más de 6.000 aficionados en tu presentación con el ‘Boro’ –así es conocido el Middlesbrough-?

Ahora estamos acostumbrados a las presentaciones multitudinarias, pero en los 90 no eran tan comunes. Ya había jugado con Brasil en Inglaterra por la Copa Umbro unos meses antes de llegar al Middlesbrough y creo que la gente ahí fue cuando empezó a oír hablar de mí. Desde luego, no me esperaba una bienvenida así. Tengo una anécdota de aquel día. Recuerdo que había una familia brasileña esperando en el aeropuerto de la que me hice amiga. 20 años después seguimos en contacto.

¿Cómo llevaste lo de no saber ni una palabra en inglés?

Curiosamente, la familia que conocí en el aeropuerto me ayudó con el idioma porque rápidamente me di cuenta de que el interprete que me había puesto el club no entendía ni una palabra de lo que le decía y traducía lo que le parecía de su propia mente. La familia brasileña me lo dijo. Su nombre era Palladino y llegó a pedir un faisán –‘faisao’- en vez de judías –‘feijao’-.

Una de las imágenes más llamativas de tu carrera fue cuando te encaraste con Philippe Albert, aquel jugador del Newcastle que era un gigante a tu lado. ¿En qué estabas pensando? Dime que en el fondo tenías miedo…

Me puse un poco nervioso, pero yo era muy competitivo y duro en el terreno de juego, ya que no me podían dar una paliza delante del árbitro –risas-. No tenía miedo a nadie. En aquella acción pensaba que había sido una falta de respeto y fui a preguntarle por qué había hecho eso y a decirle que no volviera a hacerlo. Si hubiera pasado en la calle, creo que le hubiera llamado por su nombre, le hubiera metido un puñetazo y hubiera corrido como si huyera de la muerte –risas-.

Al irte del ‘Boro’ tras el descenso, ¿era el Atlético tu única opción?

Era un momento difícil para mí porque estaba jugando con la selección y sabía que si me quedaba después de descender, no iba a poder seguir yendo con Brasil. Me enfadé mucho porque había disfrutado jugando con el Middlesbrough y en el fútbol inglés. Si pudiera volver atrás y cambiar algo de mi carrera, yo no hubiera salido de Inglaterra en aquel momento. Quizás no me hubiera quedado en el ‘Boro’, pero me hubiera gustado irme a otro equipo de la Premier. Tuve una oferta del Liverpool y su entrenador incluso llegó a llamar a mi padre, pero el problema es que los números eran mucho más bajos que los del Atlético de Madrid. El Manchester United también pensó que era demasiado caro y no se movió.

¿Le guardas rencor a Michel Salgado después de aquella entrada que te destrozó la pierna en un Celta-Atleti y que te dejó sin el Mundial del 98?

Mis primeros seis meses en el Atlético fueron increíbles. Hice la pretemporada entera con ellos, lo estaba haciendo muy bien en el campo, me volvieron a llamar de la selección y gané la Copa Confederaciones, era muy feliz en Madrid, pero llegó aquella entrada de Salgado… Los médicos esperaban que me recuperase en cinco meses y lo hice en tres, pero a pesar de la espectacular recuperación, Mario Zagallo me dejó fuera de la convocatoria para el Mundial de Francia 98. Estoy seguro de que él quería llevarme, pero alguien de su equipo le dijo que no estaría totalmente recuperado para el torneo.

¿Se llegó a disculpar?

No tengo nada contra Michel. Sé que quiso ir al hospital para pedirme disculpas y que fue al vestuario para decir que no tenía intención de hacerme daño. Es algo complicado de creer por la forma en la que me golpeó no estando la pelota ni cerca. Fue a por mi pierna. A mí me costó recuperar mi mejor forma dos años. Eso sí, lo que más me molestó es que no le sacaron ni la roja.

Fue una conexión muy especial la que tuviste con Christian Vieri en aquella temporada 97-98. ¿Os llevabais igual de bien fuera del campo? ¿Era tan fiestero el italiano como dice su reputación?

Christian era una persona muy reservada, no hablaba mucho con el resto del equipo. Nosotros nos llevábamos también muy bien fuera del vestuario. A él le interesaba mucho la moda. Éramos diferentes, pero nos entendíamos.

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Después de ganar la Copa de la liga con el ‘Boro’ dijiste que la sensación era mejor que ganar un Mundial con Brasil. ¿Sigues pensando lo mismo?

Tal vez mejor no, pero sí el mismo sentimiento. Ganar un Mundial es visto como algo mucho más grande, pero ganar la Copa de la Liga significó mucho para mí porque estábamos llegando a la meta con la que había soñado el club cuando comenzó el proyecto nueve años antes. Fue muy especial. Tuve esa sensación en ese momento y todavía la tengo conmigo. Por fin conseguimos poner al Middlesbrough en Europa.

Además de en el Atleti, jugaste en otro de los grandes de Europa, en el Celtic. ¿Es comparable el derbi ante el Rangers al madrileño?

Este implica la religión, lo que le hace totalmente diferente a cualquier otro derbi, aunque cuando estamos sobre el campo es como un Madrid-Atleti, un Flamengo-Vasco, un Sao Paulo-Palmeiras o un Middlesbrough-Newcastle. En todos hay grandes rivalidades.

¿Por qué no funcionó tu aventura escocesa?

Fue una situación incómoda y especialmente frustrante para mí. Venía de ganar la Copa de la Liga con el ‘Boro’, pero allí Steve McClaren cambió de opinión y me forzó a salir. Terminé aceptando, pero quizás tendría que haber sido más fuerte y haber aguantado porque estoy seguro de que hubiera acabado jugando. Terminé en Escocia, pero no funcionaron las cosas. Tuve un problema con Martin O’Neill y sus tácticas. Aún no entiendo por qué me quería en el Celtic. Solía jugar con un 4-4-2 y me pidió que jugara por fuera con responsabilidades defensivas, pero ese nunca fue mi estilo. No me convenía y lo sabía. Tal vez dentro de su cabeza no buscaba el Juninho de los 90. Un entrenador debe conocer el estilo de cada jugador y usarlos de manera correcta. Fue una pena porque el Celtic es un gran club.

Jugó muy bien con el Sidney FC en su estancia en la A-League. ¿Era cierto que tomaba analgésicos antes de cada partido?

Fue un momento muy bueno y podría haber sido mejor si no me hubiera lesionado el hombro en el segundo partido. Podría haberme operado, pero me perdía el resto de la temporada y sólo tenía un año firmado, así que decidí jugar a pesar de tener el tendón roto. No estaba al mismo nivel, pero me encantó la experiencia. El fútbol fue creciendo en Australia y había mucho entusiasmo entorno a la A-League.

 ¿Qué historia hay detrás de aquel rapado que te hiciste después de ganar la Copa Confederaciones de 1997?

Llegué a Arabia Saudí un día después que el resto de la plantilla, así que no sé exactamente cómo empezó todo, pero de repente Júnior Baiano vino dirigiéndose a mí y me dijo: “no te preocupes, te lo cortaremos al tres”. Lo peor es que luego fue al cero. Yo lo dejé pasar, pero otros a los que también se lo hicieron, se cabrearon.

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¿Los cinco minutos que jugaste en la final del Mundial 2002 fueron los mejores de tu carrera? ¿Te esperabas jugar más después de haber sido titular en los primeros cuatro partidos de aquel torneo?

No hay duda. Contra Alemania jugué por primera vez en mi posición porque Scolari antes me había pedido que hiciera un papel diferente, más como centrocampista defensivo junto a Gilberto Silva. Por eso me quiso premiar en la final. Fue un momento muy especial para mí. Empecé siendo titular en cuatro partidos, pero luego ya dejé de serlo contra Inglaterra en cuartos. Acepté el cambio de posición porque Emerson se lesionó entrenando y Scolari pensó que podría yo llenar su espacio. La prensa me criticó porque esperaban ver a un Juninho más creativo, más cerebro de la selección, y no me analizaron como centrocampista defensivo. Sinceramente, no esperaba ser titular porque antes del primer partido del Mundial estaba jugando con los suplentes.

La casualidad juntó a los dos Juninho, a Pernambucano y a ti, en el Vasco da Gama. ¿Se confundía mucho la gente?

Lo hablamos en el vestuario al principio. Decidimos que yo iba a ser Juninho Paulista, ya que yo era de Sao Paulo, y él, Juninho Pernambucano porque es de Recife, que es la capital del estado de Pernambuco.

¿Cómo es lo de compartir vestuario con Romario en Vasco?

Romario nunca me trató mal. Al revés, siempre me animaba y me felicitaba. Como profesional, era increíble y siempre hizo todo lo que le pidió el entrenador. Tuvimos buena relación, aunque él se mantenía algo apartado del resto del equipo porque tenía sus propios amigos.

Ahora has cambiado el terreno de juego por el palco del Ituano FC. ¿Se te hace raro ser presidente de un equipo de fútbol?

He estado aquí seis años y mi vida ha cambiado totalmente. Como futbolista, tú tienes una idea de lo que es la organización de un equipo, pero luego no es nada fácil. Cuando jugaba sabía que llegaría al vestuario y allí tendría mi equipación, mis zapatillas, todo preparado, pero ahora me doy cuenta de que para que todo ese kit esté en el vestuario, hacen falta muchas cosas.

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