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Jorge Mendes, así luce el poder

Ignacio Vázquez / Ben Lyttleton | Fotografía: Paulo Esteves -
Jorge Mendes, así luce el poder
Así luce el poder

Conocido por ser el agente de nombres tan destacados como Cristiano Ronaldo, José Mourinho, James Rodríguez, Radamel Falcao o Diego Costa, entre otras grandes estrellas del fútbol mundial, Jorge Mendes es el hombre que agita cada mercado y que coloca sus fichas sobre el tablero a golpe de teléfono. El devenir de las principales estrellas de muchos clubes está en sus manos, como también lo está el futuro de las propias entidades en las que éstas militan.

El agente portugués negocia con todos por igual. No se casa con nadie… excepto con su teléfono. No es muy frecuente verle alejado de su móvil, y es que nunca se sabe cuándo se puede cerrar un traspaso, una cesión o un nuevo contrato. El mismísimo Augusto César Lendoiro, ex presidente del Deportivo de la Coruña, reconocía que no estaba seguro de dónde terminaba Mendes y donde empezaba el teléfono. Y es que parecían un único ser.

Pero… ¿cómo llegó Jorge Mendes a ser un empresario capaz de facturar más de 600 millones de euros al año? Todo empezó en Lisboa, en enero de 1966. Jorge Mendes nace en el seno de una familia humilde pocos meses antes de que se celebrase el Mundial de Inglaterra. Su padre trabajaba en la compañía energética Petrogal, pero los ingresos no eran suficientes para que la familia consiguiese llegar a fin de mes, así que su madre también aportaba los ingresos mínimos que obtenía de la venta de sombreros y cestas de paja que ella misma confeccionaba. Jorge ayudaba en la tarea, sabedor de las dificultades que vivía su familia.

“A veces pasaba toda la tarde vendiendo cestas y sombreros y no tenía mucho tiempo para disfrutar. Desde muy joven, veía lo que mis padres tenían que hacer para darnos una vida mejor y quise ayudarlos trayendo dinero a casa”, explica Jorge Mendes. Aquí fue donde empezó a aparecer su innato talento para los negocios. Vendía cualquier cosa, y mientras sus amigos conseguían sacar cerca de 400 escudos en el mercadillo, él llegaba a ganar hasta 5.000. Cuando no estaba en el mercadillo, Jorge estaba jugando al fútbol con sus amigos en la calle. Era delgado, zurdo y, decían, tenía talento con la pelota.  

HELADERO

Durante el verano, Jorge sacaba unos ingresos extra trabajando en la fábrica de helados Cornetto. ¿Su labor? Colocar el cono del helado para asegurarse de que éste no se derramase por el suelo. Para Jorge, fuera cual fuera su profesión y su labor, su función era la más importante.

Después de aquella experiencia, Mendes tuvo que trasladarse a Viana do Castelo para estar cerca de su hermano, que acababa de perder a su mujer. Allí, muy cerquita de Galicia, fue donde su talento para los negocios y su pasión por el fútbol empezaron a entremezclarse. El presidente del Lanheses, Roberto Gonçalves, le ofreció la oportunidad de jugar en su equipo, Jorge aceptó. Pero con una condición: él sería el que gestionase la publicidad de las vallas del estadio. Gonçalves no sabía la suerte que había tenido. Pronto los ingresos comenzaron a llegar, ya que su olfato para los negocios empezaba a dar resultado. En poco tiempo, el portugués empezó a ganar mucho dinero.

Mendes comenzaba a construir su emporio, sumando pronto un videoclub o el famoso club nocturno. Jorge ya ganaba más con sus negocios que como jugador.  “Me encantaba jugar, me sentía como un fenómeno, pero no era un gran jugador, era un futbolista normal”, reconoce el propio Mendes entre risas. Su capacidad económica había crecido tanto que prometió a sus compañeros de equipo una prima si ganaban un partido decisivo. El club no podía permitirse pagar una prima, ya que la situación económica del club no era muy boyante, así que fue el propio Mendes quien se ocupó de asegurar una. El equipo venció y Jorge tuvo que cumplir. No le importó. Su equipo había ganado y él ya estaba preparado para metas mayores.   

Conocido por ser el agente de nombres tan destacados como Cristiano Ronaldo, José Mourinho, James Rodríguez, Radamel Falcao o Diego Costa, entre otras grandes estrellas del fútbol mundial, Jorge Mendes es el hombre que agita cada mercado y que coloca sus fichas sobre el tablero a golpe de teléfono. El devenir de las principales estrellas de muchos clubes está en sus manos, como también lo está el futuro de las propias entidades en las que éstas militan.

El agente portugués negocia con todos por igual. No se casa con nadie… excepto con su teléfono. No es muy frecuente verle alejado de su móvil, y es que nunca se sabe cuándo se puede cerrar un traspaso, una cesión o un nuevo contrato. El mismísimo Augusto César Lendoiro, ex presidente del Deportivo de la Coruña, reconocía que no estaba seguro de dónde terminaba Mendes y donde empezaba el teléfono. Y es que parecían un único ser.

Pero… ¿cómo llegó Jorge Mendes a ser un empresario capaz de facturar más de 600 millones de euros al año? Todo empezó en Lisboa, en enero de 1966. Jorge Mendes nace en el seno de una familia humilde pocos meses antes de que se celebrase el Mundial de Inglaterra. Su padre trabajaba en la compañía energética Petrogal, pero los ingresos no eran suficientes para que la familia consiguiese llegar a fin de mes, así que su madre también aportaba los ingresos mínimos que obtenía de la venta de sombreros y cestas de paja que ella misma confeccionaba. Jorge ayudaba en la tarea, sabedor de las dificultades que vivía su familia.

“A veces pasaba toda la tarde vendiendo cestas y sombreros y no tenía mucho tiempo para disfrutar. Desde muy joven, veía lo que mis padres tenían que hacer para darnos una vida mejor y quise ayudarlos trayendo dinero a casa”, explica Jorge Mendes. Aquí fue donde empezó a aparecer su innato talento para los negocios. Vendía cualquier cosa, y mientras sus amigos conseguían sacar cerca de 400 escudos en el mercadillo, él llegaba a ganar hasta 5.000. Cuando no estaba en el mercadillo, Jorge estaba jugando al fútbol con sus amigos en la calle. Era delgado, zurdo y, decían, tenía talento con la pelota.  

HELADERO

Durante el verano, Jorge sacaba unos ingresos extra trabajando en la fábrica de helados Cornetto. ¿Su labor? Colocar el cono del helado para asegurarse de que éste no se derramase por el suelo. Para Jorge, fuera cual fuera su profesión y su labor, su función era la más importante.

Después de aquella experiencia, Mendes tuvo que trasladarse a Viana do Castelo para estar cerca de su hermano, que acababa de perder a su mujer. Allí, muy cerquita de Galicia, fue donde su talento para los negocios y su pasión por el fútbol empezaron a entremezclarse. El presidente del Lanheses, Roberto Gonçalves, le ofreció la oportunidad de jugar en su equipo, Jorge aceptó. Pero con una condición: él sería el que gestionase la publicidad de las vallas del estadio. Gonçalves no sabía la suerte que había tenido. Pronto los ingresos comenzaron a llegar, ya que su olfato para los negocios empezaba a dar resultado. En poco tiempo, el portugués empezó a ganar mucho dinero.

Mendes comenzaba a construir su emporio, sumando pronto un videoclub o el famoso club nocturno. Jorge ya ganaba más con sus negocios que como jugador.  “Me encantaba jugar, me sentía como un fenómeno, pero no era un gran jugador, era un futbolista normal”, reconoce el propio Mendes entre risas. Su capacidad económica había crecido tanto que prometió a sus compañeros de equipo una prima si ganaban un partido decisivo. El club no podía permitirse pagar una prima, ya que la situación económica del club no era muy boyante, así que fue el propio Mendes quien se ocupó de asegurar una. El equipo venció y Jorge tuvo que cumplir. No le importó. Su equipo había ganado y él ya estaba preparado para metas mayores.   

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EL PRIMER ÉXITO

En 1989, Jorge Mendes utilizó el dinero que había ido ahorrando para abrir un videoclub en un centro comercial bastante desangelado. Sus amigos le decían que se había equivocado, pero él echó mano de ese olfato que siempre había tenido para apostar por aquel negocio que pocos creían que fuera a sobrevivir. Se guio por una corazonada y tuvo éxito. El primero de una larga lista que inauguraba folio.

Siete años más tarde, en 1996, nació el Mendes que todos conocemos, cuando puso la primera piedra del superagente que sería. Nuno Espirito Santo, actual entrenador del Valencia y por entonces portero del Vitoria de Guimaraes, sería su primer traspaso. Día tras día, Jorge cogía el coche y conducía durante los 300 kilómetros que separan Viana Do Castelo de A Coruña para negociar con el presidente del Deportivo, Augusto César Lendoiro. “La ilusión que pone en las cosas la transmite de tal manera que es muy difícil decirle que no a algo que te pueda plantear”, asegura Lendoiro, al que convenció de que Nuno valía para defender la portería del Depor. El luso no se llevó ni una peseta de aquella operación, pero había ganado algo más valioso, un amigo para toda la vida.

Con el traspaso de Nuno, Mendes no dudo en acometer su primera conquista territorial. No podía ser otra que Portugal. Aprovechando las malas relaciones entre el presidente del Oporto, Jorge Pinto da Costa, y José Veiga, el mejor agente portugués del momento, se hizo con Costinha, Jorge Andrade o Deco, entre otros. Su influencia sobre uno de los principales equipos de Portugal crecía con cada traspaso, mientras que la influencia de Veiga se veía amenazada ante el imparable avance de Jorge.

En un reportaje publicado en el periódico Record, se habla de una pelea entre ambos que terminó con los dos tendidos sobre el suelo y forcejeando. En medio de la trifulca, Mendes aprovechó para arrebatarle la herramienta más útil que todo agente tiene: su móvil. No queda del todo claro si se lo devolvió después a José, pero sí que lograr la hegemonía en Portugal se había convertido ya en algo personal.

ATERRIZAJE EN LAS GRANDES LIGAS

La balanza acabó decantarse a favor de nuestro protagonista en el verano de 2002, cuando no sólo consiguió cerrar su primer traspaso con un club de la Premier League -Hugo Viana firmó por el Newcastle por 12 millones de euros-, sino que en septiembre consiguió firmar la que sería la operación de su vida: la representación de Cristiano Ronaldo, arrebatándoselo a José Veiga. Meses después de que Cristiano firmase con él, se haría efectivo su traspaso al Manchester United.

Ya era oficial, Jorge Mendes había llegado a la Premier. También el Chelsea sucumbió a sus encantos. En 2004 el conjunto blue se hizo con los servicios de José Mourinho, Ricardo Carvalho y Paulo Ferreira, representados todos por el agente portugués. Cuatro años más tarde, se unirían al Chelsea dos más de su agenda: Deco y Bosingwa. Su poder crecía en la mejor liga del mundo.

¿Pero qué es lo que hace que Mendes sea alguien especial? Su dedicación, profesionalidad y tenacidad son conocidas por todos los que le rodean, pero hay algo más. Se preocupa como nadie por sus representados, no sólo consiguiendo cerrar las mejores operaciones, sino asegurándose de que sus representados sólo piensen en el fútbol. Les aconseja, les ayuda a saber gestionar su dinero y a tomar decisiones acertadas. “Quiere llevar a los jugadores por el buen camino, porque en ocasiones los jugadores toman caminos muy turbios. Él les aconseja bien para que después del fútbol puedan seguir teniendo una buena vida”, cuenta José Mourinho en el documental ‘Jorge Mendes, El Superagente’.

Su preocupación va más allá de los aspectos jurídicos o económicos. Cuando un futbolista firma con él, pasa a formar parte de su familia. Está atento de todo lo que rodea a sus representados y a cualquier problema que puedan tener: “En cuanto se da cuenta de que estás triste porque alguien de tu familia está enfermo o necesita ayuda, él se preocupa de inmediato, siente la necesidad de ayudarte. A muchos agentes sólo les interesa el dinero, acordando los traspasos sin pensar si el jugador está contento con el contrato o con el club por el que ha fichado. Jorge va más allá”, explica Nani, ex del Manchester United y actual jugador del Valencia.

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PEPE, CRISTIANO, EL VALENCIA…

En las negociaciones se muestra implacable, no hay nada innegociable. Con él siempre hay una manera de lograr un acuerdo, incluso cuando las negociaciones se han roto. El caso de Pepe es el ejemplo de ello. Las reuniones entre Oporto y Real Madrid por el central llegaron a un punto muerto en el que ninguna de las partes cedía. El equipo blanco incluso había redactado un documento en el que daba por clausuradas las negociaciones, pero Mendes, a través de su inseparable teléfono, consiguió que ambas partes se sentasen de nuevo a altas horas de la noche para cerrar el traspaso de Pepe.

Pero éste no fue el único acuerdo que logró en el Bernabéu, ya que entre la temporada 10/11 y la temporada 12/13, Jorge Mendes llegaba a llamar a Florentino Pérez más de 20 veces cada día. El teléfono del presidente blanco echaba humo, aunque el propio Florentino reconocía, entre risas, que le llamaba cada vez para un tema distinto. Y es que por entonces, Cristiano Ronaldo, Fabio Coentrao, Ricardo Carvalho, Pepe, Ángel Di María y José Mourinho estaban vinculados a la casa blanca. 

Con los clubes, la relación que establece Mendes es idéntica a la que tiene con sus representados. Intenta ayudarlos todo lo que puede. Oporto, Benfica, Real Madrid, Atlético… todos reconocen la valía del que a día de hoy es el agente de jugadores más valorado y conocido del planeta. Su éxito en el fútbol le ha brindado la oportunidad de establecer relaciones con gente muy destacada, como, por ejemplo, la que le ha llevado a tener un papel importante en el Valencia. Pero su amistad con Peter Lim no es la única, pues entre sus contactos más llamativos aparece personajes con muchísimo poder económico.

“Si alguien me hubiese dicho hace 10 o 15 años que iba a llegar donde he llegado, no le hubiera creído y habría pensado que era completamente imposible”, señala, con tono emotivo, Mendes, que a sus 51 años es el ejemplo del éxito, la materialización del paradigma del sueño americano en Portugal y una muestra de cómo el trabajo duro y la constancia permiten alcanzar todas las metas.

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