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Francisco Javier Sánchez Broto | Un imperio bajo el larguero

Defendió las porterías del Zaragoza, Villarreal, Málaga, Celtic o Getafe y cuando aún no había sellado su retirada de las canchas, fundó Soloporteros, una tienda que mima y cuida a porteros de todo el mundo, convirtiéndose en una referencia para los guardametas.
Álvaro Calleja -
Francisco Javier Sánchez Broto | Un imperio bajo el larguero
Un imperio bajo el larguero

Se pasó la vida haciendo y deshaciendo la maleta, de un lado para otro, recorriendo cualquier rincón de España y hasta de Escocia. Francisco Javier Sánchez Broto (Barcelona, 25 de agosto de 1971), catalán de nacimiento, maño de corazón y malagueño porque un trocito de su corazón allí se quedó, atrapado por la belleza de la Costa del Sol, es un trotamundos del fútbol, uno de esos jugadores con los que jamás te cansas de conversar sobre aventuras y anécdotas. Con su amado Zaragoza debutó como profesional en 1992 antes de hacer una visita de cinco años a tierras valencianas –pasó por el Villarreal y por el Castellón-, poniendo rumbo después al otro club que le atrapó, un Málaga que cerró momentáneamente su estancia en territorio hispano. En el 2000 cogió un avión que le dejó cuatro años en Escocia, llegando a defender el escudo de un clásico como el Celtic –también se puso los guantes en el Livingston y en el Airdrieonians- para regresar a España de la mano del Murcia. Como colofón a su carrera, viaje a la capital para recalar en el Getafe y estancia fugaz en un Hércules en el que no pasó el reconocimiento médico por un problema en su rodilla.

Pero antes de que su vida deportiva acabara, Sánchez Broto, agotado de buscar y buscar y no encontrar el material que quería, puso en marcha una tienda de porteros, una que no dejara a ni un arquero sin el material que buscase, algo así como un territorio sólo apto para los guardametas, esos tipos tan olvidados hasta entonces, marginados porque el mundo siempre gira alrededor de las estrellas que corretean por el campo. “Desde crío tuve dificultades para encontrar material. Fue pasando el tiempo y seguía viendo esa necesidad, así que monté soloporteros.com y, poco a poco, hemos ido creciendo hasta convertirnos en un referente nacional e internacional”, nos explica el propio Sánchez Broto en su despacho de Zaragoza, una especie de mini museo sobre su vida deportiva.

En él, situado al fondo de la tienda, hay fotos de todas sus etapas, pero su mirada desprende que no vivió ninguna con tanta ilusión como la que pasó en el Celtic. “Fiché como quinto portero, para poner los conos, y acabé siendo titular. Es un club brutal que aquí no conocemos. Fue una experiencia maravillosa a pesar de que sigo hablando el inglés como tarzán”. Aún se emociona Sánchez Broto cuando recuerda aquella época. “Perdimos una UEFA con el Oporto de Mourinho en Sevilla y allí se presentaron 60.000 tíos, y 40.000 de ellos sin entrada. No había hoteles ni en Málaga. Todavía se me pone la piel de gallina. Mi padre casi llora cuando escucha el himno del Celtic”.

Francisco Javier Sánchez Broto | Un imperio bajo el larguero

Se pasó la vida haciendo y deshaciendo la maleta, de un lado para otro, recorriendo cualquier rincón de España y hasta de Escocia. Francisco Javier Sánchez Broto (Barcelona, 25 de agosto de 1971), catalán de nacimiento, maño de corazón y malagueño porque un trocito de su corazón allí se quedó, atrapado por la belleza de la Costa del Sol, es un trotamundos del fútbol, uno de esos jugadores con los que jamás te cansas de conversar sobre aventuras y anécdotas. Con su amado Zaragoza debutó como profesional en 1992 antes de hacer una visita de cinco años a tierras valencianas –pasó por el Villarreal y por el Castellón-, poniendo rumbo después al otro club que le atrapó, un Málaga que cerró momentáneamente su estancia en territorio hispano. En el 2000 cogió un avión que le dejó cuatro años en Escocia, llegando a defender el escudo de un clásico como el Celtic –también se puso los guantes en el Livingston y en el Airdrieonians- para regresar a España de la mano del Murcia. Como colofón a su carrera, viaje a la capital para recalar en el Getafe y estancia fugaz en un Hércules en el que no pasó el reconocimiento médico por un problema en su rodilla.

Pero antes de que su vida deportiva acabara, Sánchez Broto, agotado de buscar y buscar y no encontrar el material que quería, puso en marcha una tienda de porteros, una que no dejara a ni un arquero sin el material que buscase, algo así como un territorio sólo apto para los guardametas, esos tipos tan olvidados hasta entonces, marginados porque el mundo siempre gira alrededor de las estrellas que corretean por el campo. “Desde crío tuve dificultades para encontrar material. Fue pasando el tiempo y seguía viendo esa necesidad, así que monté soloporteros.com y, poco a poco, hemos ido creciendo hasta convertirnos en un referente nacional e internacional”, nos explica el propio Sánchez Broto en su despacho de Zaragoza, una especie de mini museo sobre su vida deportiva.

En él, situado al fondo de la tienda, hay fotos de todas sus etapas, pero su mirada desprende que no vivió ninguna con tanta ilusión como la que pasó en el Celtic. “Fiché como quinto portero, para poner los conos, y acabé siendo titular. Es un club brutal que aquí no conocemos. Fue una experiencia maravillosa a pesar de que sigo hablando el inglés como tarzán”. Aún se emociona Sánchez Broto cuando recuerda aquella época. “Perdimos una UEFA con el Oporto de Mourinho en Sevilla y allí se presentaron 60.000 tíos, y 40.000 de ellos sin entrada. No había hoteles ni en Málaga. Todavía se me pone la piel de gallina. Mi padre casi llora cuando escucha el himno del Celtic”.

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PORTERO Y EMPRESARIO

En Escocia, mezclando su faceta de portero con la de emprendedor, fue cuando se puso el casco y empezó a construir el suelo y las paredes de su futuro, uno que le ha convertido en una de las de las empresas de moda dedicadas al fútbol. “Al principio no me lo imaginaba, pero ahora me doy cuenta de que tenemos un recorrido brutal, estamos en un 10% de lo que podemos hacer”, apunta Javier, moreno de piel y con una planta que impresiona. “El único problema es que ya no somos una empresa familiar y se pierde ese toque romántico, pero si quieres jugar en Champions League tienes que tener a los mejores. He llegado aquí con gente de Segunda B, de Segunda A y ahora tengo de Primera”. Habla orgulloso Sánchez Broto de sus 85 empleados. “Son gente joven, que les gusta el fútbol y que en vez de trabajar en una cafetería o en un restaurante, están tratando con los mejores jugadores del mundo y yendo a los eventos más importantes. Nadie lo va a vivir como yo, porque he sido quien he parido esto, pero quiero a gente que se acerque lo más posible a mis sensaciones”.

El ex portero continúa tan ilusionado como cuando puso la primera piedra. “Tengo la misma ilusión y sigo empeñado con la misma idea de que el cliente salga dando palmas con las orejas. Prefiero ser honesto y aconsejar bien a la gente que no engañarles para vender 1 euro más”. Soloporteros cuenta actualmente con doce tiendas por toda España, aunque su punto fuerte está en Internet. “Ahí somos muy fuertes. La expansión es muy grande y queremos seguir creciendo también con más tiendas”. Pero sin hacer locuras. “Con los pies en el suelo, eso sí. Nos han dado muchos premios, pero no nos desviamos del camino, sólo nos sirven como motivación”.

La empresa de Sánchez Broto, que también engloba MetaRunning y todo tipo de eventos, ha trabajado desde el inicio con porteros del nivel de David de Gea o Sergio Asenjo. “Fueron clientes nuestros hasta que las marcas les ficharon. También tenemos relación con Iker Casillas, con Moyá, con Diego López…”. No hace falta que nos lo diga. Un mural con camisetas y guantes de leyendas de la portería ya nos había recibido a nuestra entrada en la tienda maña. “Personalizamos las botas de casi todos los jugadores de Primera, tanto a través de las marcas como directamente para ellos mismos. Son amigos y clientes”, añade nuestro protagonista sobre un proyecto que comenzó mirando sólo hacia los porteros y que ha ido ampliando su catálogo con botas, equipaciones y material específico de fútbol sala. “Así que mi día a día es un poco atropellado. Vivo 15 días en Málaga y 15 en Zaragoza y dirijo una empresa con 85 personas a mi cargo. Me encanta lo que hago”. Tampoco necesita decirlo. Las paredes de Soloporteros desprenden su pasión por el fútbol.

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UN REENCUENTRO MUY ESPECIAL - SÁNCHEZ BROTO VOLVIÓ A LA ROMAREDA

Brillaba la mirada de Javier Sánchez Broto cuando pisó La Romareda para nuestra sesión de fotos. Le hicimos esperar por caprichos del GPS, pero a él no le importó. “Ya tenía ganas”, nos dijo nada más saludarle. “Llevo muchísimos años sin pisar este césped, desde que dejé el Zaragoza”. No sabíamos el dato, pero en su rostro se notaba. “Ha sido una sensación bastante rara, muy bonita, me ha encantado. Es el club donde me he formado, en el que estado de los 12 a los 22, pasando por todas las categorías, de alevines al primer equipo”.

Estuvo menos de tres años bajo las porterías del estadio zaragocista, pero se emociona hablando del equipo que lleva en el corazón. “Para mí es un orgullo haber pertenecido al Zaragoza. Estuve poco en lo más alto, pero fue una pasada”. Actualmente, aunque su papel en Soloporteros le deja casi sin vida, aún sigue atento a todo lo que ocurre alrededor del conjunto maño. “Es una pena ver lo que está pasando económicamente con un club con tanto prestigio y con tanta solera. Espero que los nuevos vengan con buenas ideas y den la vuelta a la situación”.

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